Sofía Maiolo
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IA20 de septiembre de 2026

El propósito como brújula cuando el camino se pone difícil

El Massive Transformative Purpose (MTP) como brújula para sostener la motivación y la innovación, en equipos y a nivel personal, cuando el camino se pone difícil.

En posts anteriores vengo explorando el aburrimiento, la creatividad y la potencia de los equipos diversos como motores de la innovación, y creo que son puntos fundamentales y centrales a la hora de pensar lo que hacemos. Pero hoy quiero centrarme en otro aspecto de la innovación y el liderazgo: el propósito.

Innovar no es solo post its y dinámicas divertidas. Hay detrás muchas tareas que, como en cualquier otro trabajo o aspecto de la vida, no son tan sexys ni atractivas. Incluso cuando lo son, hay días que nos encuentran cansadas, estresadas, con mil cosas para resolver. Hay procesos que se traban, que demoran semanas, cosas que no funcionan como esperamos.

¿Cómo sostenemos entonces la iniciativa, la energía, nuestra motivación (y la de nuestros equipos) a lo largo del tiempo? ¿Cómo creamos sistemas que perduren, que sean resilientes y que no dependan solamente de nuestra motivación?

Pensando y buscando sobre esto llegué al concepto del Massive Transformative Purpose (MTP) que proponen Salim Ismail, Mike Malone y Yuri van Geest en su libro Exponential Organizations. En el libro se analizan las 100 empresas con crecimiento más rápido, se sistematizan sus rasgos clave, y los autores llegan a la conclusión de que todas tienen un MTP.

Pero vayamos por partes: ¿qué es un MTP? ¿y qué lo diferencia de la clásica "visión" y "misión" que tienen muchas empresas desde hace años?

Un MTP es la razón de ser de una organización, formulada como una aspiración que va mucho más allá de un objetivo de negocio. Mientras que la misión suele describir qué hace la organización hoy y la visión hacia dónde quiere llegar, el MTP responde a algo más profundo: qué impacto quiere generar en el mundo, en su industria o en su comunidad. No se mide en resultados trimestrales ni en indicadores de gestión; se mide en la huella que deja y en la energía que es capaz de movilizar dentro y fuera de la organización.

El MTP de una organización es altamente aspiracional, audaz, inspirador, movilizador. Es único de esa organización y genera sentimiento de pertenencia. Apunta a construir un futuro, algo diferente, algo que no existe hoy. Si bien es ambicioso, también tiene foco: no es "lograr la paz mundial", es algo más concreto y propio, algo que esa organización y nadie más podría decir que es suyo.

El MTP inspira a quienes pertenecen a la organización, pero también a la comunidad y al ecosistema que la rodea. Genera un sentimiento de pertenencia que influye más allá de lo estrictamente transaccional entre organizaciones. Es un propósito que engloba y que, de alguna forma, hace más atractivo a todo el ecosistema. Y por supuesto, influye en la cultura, en lo que se vive todos los días, y en lo que hace significativo lo que las personas hacen a diario.

Es lo que sostiene más allá de la motivación, lo que da sentido y calor a las acciones y a los momentos que quizás no son tan amenos.

Y en estos días de IA, de cambios acelerados, de voces alarmistas (con y sin razón), creo que el MTP puede ser una buena brújula a la cual volver cuando sentimos que todo se mueve. Hace unos días escribía sobre el amor como anclaje en momentos de incertidumbre y como filtro sobre qué queremos delegar; creo que el MTP debe estar muy relacionado con eso, con las ganas de construir algo más grande, y que también es un buen tamiz para pensar qué queremos delegar, qué no, y qué se va a quedar bajo nuestro control inequívoco.

El MTP personal

Así como las organizaciones se benefician de expresar claramente su MTP, creo que a nivel personal también podemos hacerlo. ¿Qué me hace vibrar? ¿Qué me hace soñar? ¿Qué me motiva? ¿Qué quiero construir? Cuando empezamos a alinear todo eso, encontramos algo bastante poderoso que nos permite transitar este mundo de cambios con un poco más de tranquilidad.

A diferencia del MTP de una organización, creo que nuestro MTP personal puede cambiar y fluctuar más (¡y eso está perfecto!), pero qué importante es sentir que podemos generar una narrativa que nos cuente, nos construya y nos proyecte.

El MTP para fomentar la innovación

Como decía al inicio, innovar es mucho más que la parte colorida y divertida: es planificar, medir, organizar, gestionar, documentar. Es fallar mil veces. Es encontrarse con mil obstáculos. Es atravesar la incertidumbre. Y creo que para lograrlo es fundamental tener este propósito como guía, como elemento que nos ayuda a atravesar esos momentos no tan atractivos y a ponerlos en perspectiva.

Creo que las organizaciones que logran tener un MTP tienen una ventaja competitiva increíble, que las vuelve únicas. Pero también creo que eso trae sus desafíos: gestionar esa pasión también es complejo, y estar a la altura de las expectativas que se generan puede serlo también.

Al final, un MTP no es una frase que definimos una vez y guardamos en un cajón: es algo que revisamos, cuestionamos y volvemos a elegir cada vez que el camino se pone difícil. Un buen MTP no promete que el camino sea fácil: promete que valga la pena.

¡Hasta la próxima! 🌱

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